Relato Club Nocturno II

 ¿Qué harías si tuvieras una segunda oportunidad de reescribir tu presente? ¿Y tu pasado?
Yo creí que tenía el poder de elegir. Creí que todas las malas decisiones me habían llevado al lugar en el que estaba, mentalmente seguía buscando un campo, el campo al que siempre recurría, y allí, era feliz. Estaba cerca de morir, había oído el silenciador, notaba cada hueso roto y algo liquido fluyendo. Siempre creí que la muerte sería rápida, pero hay cosas peores que un disparo entre ceja y ceja. Lo estaba viviendo. No tenía forma de acortar esta agonía así que volví a soñar con el campo de Galicia que tanto extrañaba, me permití sentir el dolor emocional de saber que nunca volvería a ver a mi padre, que nunca sabrían que no me fui a estudiar a Estrasburgo, si no que me sedujo la idea del poder y terminé aquí... Lo último que me quise pensar antes de morir era en la cara de mis padres sonriendo. Y ahí, abracé la suave inconsciencia, por fin. 

Alguien me levantaba del suelo, pero a mí me daba igual, estaba muerta, en mi campo. Iría a otro campo sin embargo el olor me embriagó. No era el típico olor a puro de Gino. El olor me resultaba fascinante y en medio de la inconsciencia ubiqué a la chica de la Cruz. Marie. Y me reí porque de verdad que tenía que estar delirando. Abrí los ojos y dije: "Parece que veo a la virgen" y Marie sonrió, su voz era glacial pero sus ojos eran de un azul verdoso puro, "esta noche no, pequeña". Quería morirme ya, pero sólo perdí el conocimiento mientras el suave balanceo de Marie me llevaba a algo mullido que hacía sonido de ronroneo de motor. No había sirenas, como siempre, como nunca. 

Y sin más, dejé ese mundo. 

Un mundo al que nunca quise entrar pero me metieron, un mundo al que no debía nada pero tampoco podía irme sin más...o tal vez sí. Tal vez, éste fuera mi último día en aquel lugar. 

Si pudiera reescribir mi presente... No cambiaría nada. Marie me salvó de aquel lugar. Mató a Gino y la policía devolvió a cada una de nosotras a nuestro hogar. Volví a mi hogar pero no quise separarme de Marie. Ella decía que no, pero sus ojos eran ese campo que siempre soñé. No era que le debiera la vida, que también. Ella cumplió ordenes y simplemente las aceptó porque me vio implicada. Nunca supe que vio en mí que le llamó tanto la atención, pero hoy sé que esa mujer con cuerpo esculpido por los dioses y la mirada que represente a la virgen tiene voz de hielo por haber tratado mucho con la muerte. Hoy quiero que esa mujer sea MIA y dejar de ser de nadie, para poder ser yo, nombrada y amada. 





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